—Pensé que vendrían sus padres.
—Sí… —Se frotó la nuca—. Son gente complicada.
Aquellas palabras avivaron mi ira. —¿Qué significa eso? Su hijo está muerto.
Me miró, luego desvió la mirada. —Son gente rica. No perdonan errores como el que cometió Karl.
—¿Qué error?
El teléfono de Daniel vibró. Lo miró como si lo hubiera salvado.
—Lo siento —dijo rápidamente—. Tengo que irme.
—Daniel.
Pero ya se estaba alejando, tan rápido que parecía presa del pánico.
Esa fue la primera grieta.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
