Primera parte: La mujer que nadie vio
El espejo del ático reflejaba a una mujer vestida de satén perlado.
Vanessa Reed permanecía en silencio, ajustándose los delicados tirantes de su vestido. La tela brillaba bajo la tenue luz: lujosa sin ser llamativa, refinada sin llamar la atención. Había costado más que el sedán importado aparcado en el garaje de abajo.
Su marido no se había fijado en la compra.
Rara vez se fijaba en algo que no lo enalteciera directamente.
Tras ella, las puertas del armario se abrieron.
Trevor Reed salió con un esmoquin medianoche, confeccionado a la perfección. Se ajustó los gemelos con precisión, con la impaciencia de quien cree que la noche le pertenece.
"¿Llevas puesto eso?", preguntó, mirando su reflejo.
"Es apropiado", respondió Vanessa con calma.
Trevor se ajustó la pajarita. “Esta noche es la Gala de Summit Technologies. La junta directiva estará allí. Inversionistas. Socios estratégicos. Personas importantes.”
El énfasis fue sutil, pero intencional.
Vanessa sonrió cortésmente. “Me quedaré a tu lado. No te avergonzaré.”
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