Y vi un dolor en ella que desconocía.
"¿Qué pasa? La mujer con la que he vivido quince años me mintió."
Tiró un documento sobre la mesa de centro.
Lo recogí con mano temblorosa.
Prueba de ADN.
Resultado: coincidencia de paternidad... cero.
Las letras danzaban ante mis ojos.
"¿Te... te hiciste la prueba?"
Helen no pudo evitar intervenir:
"Me encargué de todo. Un poco de saliva en el cepillo de dientes de Caleb, una cucharada de Lucas... y ahí lo tienes. Los números no mienten."
"¡Nunca te engañé!", grité.
Sentí que se me quebraba la voz.
"Deja de hacer teatro", replicó Helen. "Ahora sabemos a qué nos enfrentamos."
La fulminé con la mirada. Me odias tanto que estarías dispuesta a manipular los resultados, ¿es eso?
Levantó la barbilla.
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