Su mirada era aguda, calculadora.
"Bueno", dijo con naturalidad, como si la conversación ya llevara horas. "Sobre el coche".
No fingí estar confundida.
Había estado evitando este tema durante toda una semana.
Vanessa quería una camioneta de lujo: algo nuevo, caro y lo suficientemente llamativo como para sentirse superior a la hora de recoger a los niños del colegio.
Lo había presentado como un "nuevo comienzo".
También había afirmado que era "algo que Miles se merecía".
Al parecer, para ella, el cumpleaños de un niño justificaba una compra de 70.000 dólares.
"No te voy a comprar un coche", dije con calma.
La hija favorita de la familia
Por un instante, la sonrisa de Vanessa se mantuvo intacta.
Luego se tensó.
"Puedes permitírtelo", dijo.
Me llamo Kendra Shaw. Tengo treinta y seis años.
Y sí, técnicamente, podía permitírmelo.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
