Dos agentes llegaron unos treinta minutos después. Uno retiró con cuidado el dispositivo de debajo de la cama mientras el otro comenzaba a hacer preguntas.
—¿Conoce a alguien que pudiera entrar en su casa sin permiso? —preguntó el agente. Negué con la cabeza.
“No.”
Pero Mia habló en voz baja desde el sofá.
“El técnico del cable vino la semana pasada.”
Ambos agentes se giraron hacia ella.
“¿Qué técnico del cable?”
“Dijo que estaba arreglando internet.”
Se me heló la sangre.
Porque recordaba aquella visita.
Un técnico de una compañía de servicios había venido a revisar el router en la habitación de Mia.
Estuvo arriba solo casi veinte minutos.
El agente asintió lentamente.
“Nos pondremos en contacto con esa compañía inmediatamente.”
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