Algunas madres se miraron entre sí. El nombre no les decía nada. A mí tampoco.
—Trabajo para una revista educativa internacional —continuó—. Hoy venía a documentar proyectos de inclusión en centros escolares de España.
La palabra inclusión cayó como una piedra.
La directora forzó una sonrisa.
—Qué sorpresa… no teníamos constancia de esta visita.
—Sí la tenían —respondió Andrés con calma—. Envié la solicitud hace tres semanas. Fue aprobada.
La maestra empezó a ponerse nerviosa.
Andrés levantó la cámara y, sin pedir permiso, tomó una foto del patio. No de los niños alineados. Del banco.
—¿Quién es la niña sentada sola? —preguntó.
Silencio.
Yo di un paso adelante.
—Es mi hija.
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