Le toqué la mano con delicadeza.
"Ya no estás sola".
Se apoyó en mi hombro.
Y esa noche apenas dormimos.
Hablamos.
Sobre el pasado.
Sobre el dolor.
Sobre la esperanza.
Y sobre cómo, incluso después de los inviernos más largos, la vida aún puede darnos la primavera.
A veces, cuando casi hemos perdido la esperanza.
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