La decisión es tuya. Pero no tienes que quedarte en un lugar que te haga sentir insignificante.
Rosa palideció.
Si te vas, no esperes más ayuda de nosotros.
Por primera vez…
Esa amenaza no me asustó.
Me sentí liberado.
Luis me miró.
Cami… yo no quería esto.
“Pero lo permitiste”, dije con dulzura.
Mateo salió del coche con inquietud.
Papá lo levantó con cuidado y susurró suavemente:
“Vámonos a casa”.
A casa.
No a su casa.
A casa.
Miré a Luis.
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