Renata parpadeó, confundida.
—¿Qué atribución?
Lorena la miró, luego me miró a mí, luego volvió a Santiago.
—¿De qué patrimonio habla?
Mariana deslizó una copia hacia ellas.
—Del fideicomiso de treinta y seis millones de pesos cuya beneficiaria era su hija, sujeto a condiciones expresas de conducta.
Renata se quedó pálida.
—¿Era?
Santiago asintió.
—Era.
Levantó la mirada hacia mí por primera vez de verdad, como si acabara de verme sin filtros.
—¿Tú sabías esto?
—Yo lo constituí —respondí.
La frase cayó con un peso seco en la habitación. Lorena dio un paso atrás y se dejó caer en una silla sin darse cuenta. Renata abrió la boca, la cerró, volvió a mirar los papeles, buscando un error, una salida, algo que desarmara todo aquello. No había nada.
—No puedes hacerme esto por un video —dijo al fin.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
