Sebastio dio un paso al frente, con la voz temblorosa. —¿Son… míos?
Lo miré.
Y por primera vez en cinco años…
Sonreí.
—Siempre lo fueron.
El mundo pareció tambalearse.
La emoción inundó su rostro: sorpresa, reconocimiento, algo más profundo.
—¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó en voz baja.
—Porque tu familia decidió que no era suficiente —respondí—. Y tú elegiste creerles.
La verdad lo golpeó con fuerza.
Algo cambió en él.
Se volvió hacia su esposa.
La boda perfecta —la imagen, el poder, el futuro— de repente se sintió vacía.
—Lo siento —dijo.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
