“Lo estoy”, dije, dándome cuenta de que lo decía en serio. “Espero que tú también.”
Me observó. “¿Te has dado cuenta?”
¿Nos extrañaste alguna vez?
Suspiré. “Durante un tiempo, todos los días. Pero ya no.”
Abrió la boca para continuar, pero la música se apagó y el padrino llamó la atención. Mark me miró por última vez antes de volver a Sarah.
Comenzó el discurso: chistes, risas, anécdotas sencillas.
Pero el ambiente se sentía tenso. Había una tensión palpable.
Entonces Elena se puso de pie.
“Dicen que el matrimonio se trata de construir un hogar”, dijo con voz firme, “pero no se puede construir nada honesto sobre cosas robadas, y menos aún el amor.”
Un murmullo recorrió la multitud.
Se giró hacia Sarah. “Sarah, ¿puedes ver el vestido que lleva Micaela? ¿No lo reconoces?”
El tenedor de Sarah golpeó su plato.
Elena dejó que el silencio se prolongara.
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