Poseían algo más que él había subestimado durante dos años.
Bryce entró en la oficina de Rebecca Sloan a la tarde siguiente esperando tener ventaja.
Se notaba en su entrada: un costoso traje azul marino, expresión controlada, un portafolio de cuero en la mano, la actuación de un hombre razonable lidiando con una reacción emocional exagerada. Aún creía que si sonaba lo suficientemente tranquilo, la gente preferiría su versión porque requería menos esfuerzo moral.
Vio a Oleg y Marina en la sala de conferencias y se detuvo.
Entonces su expresión cambió.
No porque estuvieran allí.
Porque no parecían personas que lo hubieran perdido todo.
Oleg vestía su traje gris oscuro reservado para bodas y cierres de negocios. Marina llevaba pendientes de perlas y la expresión más serena que Natalya jamás había visto. Junto a Rebecca estaba sentado otro hombre que Bryce no reconocía: Aaron Feld, abogado de Bell & Rourke Commercial Holdings.
Ese nombre no debería haberle dicho nada a Bryce.
Pero sí que le decía nada.
Natalya observó cómo el reconocimiento se reflejaba lentamente en su rostro.
Bell & Rourke era la empresa matriz propietaria del centro comercial donde se ubicaba la tintorería, junto con varias propiedades adyacentes, almacenes y la panadería anexa que operaba bajo el nombre de Oleg. Bryce conocía la empresa porque había pasado el último año intentando conseguir un contrato de consultoría para la remodelación con uno de sus ejecutivos.
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