Algunas alteraciones en la superficie ocular también pueden revelar información importante. Un bulto amarillento en la esclerótica, conocido como pinguécula, es una acumulación de grasa y proteínas que no suele ser peligrosa, aunque sí molesta. En cambio, el pterigión es un crecimiento de tejido que, si no se trata, puede invadir la córnea y afectar la visión. Ambos están relacionados con la exposición prolongada al sol, por lo que el uso de gafas con protección UV es fundamental para prevenirlos.
Los ojos saltones, por su parte, pueden ser simplemente una característica genética, pero cuando aparecen de forma repentina, podrían indicar trastornos tiroideos, especialmente en el caso del hipertiroidismo o la enfermedad de Graves. Si el abultamiento ocurre solo en un ojo, podría tratarse de una infección, lesión o incluso un tumor detrás del globo ocular.
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