Pasé una semana de amor con un joven desconocido y estaba segura de que era solo un romance de resort, pero al volver a casa, me esperaba una verdadera sorpresa 🫣☹️
Mi hermana y yo fuimos al mar a principios de septiembre. La temporada ya estaba llegando a su fin, había menos gente en la playa y todo parecía tranquilo y un poco perezoso. La primera noche, fuimos a un pequeño café junto al agua. Me senté, contemplé la puesta de sol y sentí cómo por fin se hacía el silencio.
Se acercó solo. Me preguntó si había una silla libre. Sonrió como si nos conociéramos de toda la vida. Era más joven que yo, y lo comprendí al instante. Pero no había burla ni el más mínimo interés en su mirada. Me miró con seriedad, con atención, como si yo fuera la mujer más importante de aquel lugar para él.
Hablamos. Primero del mar, luego de la vida. Enseguida le dije mi edad. Le dije que estaba casada y que no iba a prometer nada. Asintió con calma y respondió que no necesitaba nada más que estos días. Ni futuro, ni planes, ni obligaciones.
Me sentía diferente con él. A su lado no era una esposa cansada, acostumbrada a sufrir y a guardar silencio. Era una mujer. Viva, hermosa, deseada. Me tomó de la mano como si temiera soltarme. Me miró como si fuera más joven que nadie en la playa.
Caminamos por la orilla nocturna, nadamos en el agua tibia, reímos sin motivo. A veces simplemente nos quedábamos en silencio y mirábamos el mar. El tiempo con él pasó tan rápido que no me di cuenta del día de la partida.
No intercambiamos promesas. No hicimos planes. Estaba segura de que todo esto se quedaría allí, junto al mar. Un romance breve que olvidaré cuando vuelva a casa, a mi vida habitual. Ni siquiera intercambiamos contactos ni información personal.
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