A casi todos nos pasó alguna vez: estiramos la mano para saludar, tocar una perilla o incluso rozar a otra persona y, de repente, sentimos un pequeño chispazo eléctrico que sorprende y hasta provoca una reacción involuntaria. Aunque suele ser inofensivo, el fenómeno despierta curiosidad y muchas preguntas. ¿Por qué ocurre? ¿Tiene que ver con nuestro cuerpo, con el ambiente o con la otra persona? La respuesta no es misteriosa ni paranormal, sino que está completamente ligada a la física, la electricidad estática y ciertas condiciones del entorno.
El cuerpo humano es capaz de acumular cargas eléctricas, incluso sin que nos demos cuenta. Esto sucede porque estamos en contacto constante con distintos materiales: ropa, calzado, pisos, muebles y el aire mismo. Cuando caminamos, nos sentamos o nos movemos, se produce un intercambio de electrones entre superficies. Este proceso se llama electricidad estática y ocurre cuando un objeto —en este caso, nuestro cuerpo— gana o pierde electrones y queda cargado eléctricamente.
El problema aparece cuando esa carga acumulada necesita liberarse. Al tocar a otra persona o un objeto conductor, la electricidad busca equilibrarse y se descarga de forma repentina. Esa liberación rápida de energía es lo que percibimos como un chispazo, una descarga eléctrica leve o una sensación similar a un pinchazo. No es peligrosa en la mayoría de los casos, pero sí llamativa.
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