Ella sonrió y le dijo que podía considerar el dinero extra como una recompensa, una bonificación por su honestidad.
Él le dio las gracias, pero justo cuando estaba a punto de irse, ella lo llamó. —Raúl, quédate a dormir conmigo.
El joven pensó que había oído mal. —Señora, ¿la oí bien?
—Una noche, y te puedo dar lo que quieras. Una casa, un coche, dinero.
Raúl se quedó helado. —Lo siento, no puedo hacer eso.
—¿Por qué? ¿Quieres salvar a tu madre?
—Con una noche es suficiente.
—No, no soy ese tipo de hombre. Con permiso.
Y se marchó. Su rechazo hirió profundamente a Raquel. Siempre la habían cortejado por su dinero, nunca por quien era. Divorciada cuatro veces, humillada, traicionada y robada —su último exmarido le había robado todas sus pertenencias la noche de bodas—, y ahora un joven desconocido, pobre y desesperado, la rechazaba. Esa misma noche, lo llamó.
—Buenas noches, Raúl. Soy Raquel.
—Buenas noches, señora.
—Me gustaría invitarla a almorzar.
—Lo siento, no puedo. Puedo pagarle. Dígame cuánto quiere. No se trata del dinero.
—Gracias, señora.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
