Se burlaron de ella mientras estaba embarazada, sin saber quién les pagaba.

Daniel no era solo un abogado; era la única persona que conocía la verdad.

Virex Holdings no era la empresa de Marcus.

Era mía.

Yo era la propietaria mayoritaria, oculta tras un fideicomiso que mi abuela había creado años atrás.

—¿Estás bien? —preguntó de inmediato.

Miré fijamente a Marcus.

—Activa la cláusula nueve.

Silencio.

—Eso lo congelará todo —advirtió Daniel—.

Hazlo.

Terminé la llamada.

No tenían ni idea de lo que estaba pasando.

La cláusula nueve no era venganza.

Era protección, para esos momentos en que la confianza se rompía irremediablemente.

Dos años antes, conocí a Marcus durante una auditoría privada.

Sin mi cargo, sin mi nombre, vi a las personas tal como eran en realidad.

Marcus parecía diferente.

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