En la plaza, el padre Miguel los esperaba con don Ernesto y dos agentes de la Guardia Civil. Rosa apenas pudo hablar.
—Está… en el puente.
Los agentes corrieron. A lo lejos se oyó un golpe seco, luego silencio, y la tormenta empezó a ceder como si también ella se rindiera.
Rosa cayó de rodillas abrazando a Tomás. El niño sollozaba escondiendo la cara en su pecho.
—Ya está, mi vida… nadie volverá a hacerte daño —susurró, acariciándole el cabello.
Horas después, en la casa del padre Miguel, Rosa sostenía la carta ya seca junto a un rosario viejo que alguien había encontrado en la casa abandonada. Don Ernesto entró con un sobre.
—Rosa… esto estaba en los archivos. No lo vi antes.
Era un certificado de nacimiento antiguo: Hospital de Ronda. Madre: Alma Valverde. Padre: desconocido. Y una línea final, escrita a mano: “Hermana gemela registrada: Rosa Valverde.”
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