Algunos de los desencadenantes más comunes incluyen:
Productos de limpieza agresivos
Los detergentes, desinfectantes y jabones antibacterianos pueden eliminar la capa protectora natural de la piel.
Lavado frecuente de manos
Lavarse las manos repetidamente debilita la barrera cutánea, haciéndola más propensa a la irritación.
Exposición prolongada al agua
Las personas que trabajan en profesiones como la cocina, la limpieza, la atención médica o la peluquería tienen mayor riesgo.
Alergias y sensibilidades
Materiales como el níquel, las fragancias, los conservantes y el látex pueden causar reacciones.
Afecciones cutáneas preexistentes
Quienes padecen eccema o psoriasis suelen experimentar síntomas más graves.
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