Siete años después de nuestro divorcio, me encontré por casualidad con mi exmarido. Me miró y me dijo: «La gente como tú no pertenece aquí». No discutí, solo sonreí… Y minutos después, alguien me llamó por mi nombre y su actitud cambió por completo.

Parecía… más pequeño.

No físicamente.

Sino interiormente.

Se acercó con cautela.

—¿Alguna vez me amaste? —

Respondí sin dudar.

—Sí. —
Tragó saliva.

—Entonces, ¿por qué sientes que querías destruirme? —

Sostuve su mirada.

Firme.

Clara.

Segura.

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