Cuando por fin me obligué a retroceder, tenía las manos heladas. Las lágrimas empañaban mi visión. Recogí las flores que se me habían caído y las coloqué con cuidado frente a la tumba.
—No sé qué significa esto —susurré con voz temblorosa—. Pero lo siento muchísimo.
Luego me obligué a alejarme, aunque cada músculo de mi cuerpo temblaba.
Y esa noche, cuando Caleb me preguntó si todo estaba bien, mentí.
—Estuve bien. Hice algunos recados.
Me besó la frente. —Bien. Pareces cansada.
Apenas dormí.
A la mañana siguiente, empecé a cavar.
El pasado no descansa
No sabía por dónde empezar, así que comencé donde cualquiera lo haría: la biblioteca pública de Briarford. Periódicos. Archivos. Documentos antiguos. Al principio, apenas encontré nada: una breve esquela, una pequeña fotografía que no se imprimió con claridad, unas pocas palabras amables.
Pero cuanto más profundizaba, más cosas encontraba que no coincidían con la historia que me había contado Caleb.
El accidente no se explicó con claridad.
No hubo una investigación formal.
El caso se cerró rápidamente, demasiado rápido.
Y entonces apareció algo aún más extraño.
Una prima lejana de Rachel, una mujer mayor llamada June, aún vivía cerca. Encontré su dirección, le escribí una carta y me invitó a tomar el té; su voz era sorprendentemente cálida, aunque no sabía quién era yo en realidad.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
