Un anciano visita a su hija por su 80 cumpleaños, pero ella no le deja entrar en su casa. – Historia del día

Richard visita a su hija para celebrar su octogésimo cumpleaños con ella, pero ella le abre la puerta llorando y lo despide.

Richard sospecha que algo anda mal y se da cuenta de que tiene razón al asomarse por la ventana. Richard tamborileaba nerviosamente con los dedos en el volante mientras conducía. Deidre solía venir a visitarlos cada Día de Acción de Gracias, pero dejó de hacerlo tras el funeral de su esposa hace cuatro años. Ahora, solo la visitaban una vez por semana. Richard abrió los brazos cuando Deidre apareció en la puerta. «¡Sorpresa!», gritó. «¿Papá? ¿Qué haces aquí?», preguntó ella, con lágrimas corriendo por sus mejillas.

—Vine a celebrar mi cumpleaños contigo… ¡cumplo ochenta! —respondió Richard, pero la alegría en su voz se desvaneció rápidamente—. ¿Qué te pasa, cariño? ¿Por qué lloras? —No es nada; todo está bien —dijo Deidre, secándose las lágrimas con rapidez y sonriendo levemente—. Es que… no te esperaba, y este no es un buen momento. Lo siento, papá, pero necesito concentrarme. En mi trabajo. Mira, te llamaré. Cenaremos más tarde, ¿de acuerdo? Lo siento. —Deidre cerró la puerta, dejando a Richard dolido y confundido.

Algo andaba muy mal. ¿Estaba Deidre en peligro? Richard se apartó de la puerta principal, pero no se fue. Pasó por encima de los arbustos bajos y floridos que bordeaban el camino y se acercó sigilosamente para mirar por las ventanas. Dos hombres de aspecto rudo estaban en la sala con Deidre. —¿Quién era? —preguntó uno de ellos con voz áspera. —Nadie —mintió Deidre con voz temblorosa. —Solo el hijo del vecino… haciendo una broma con el timbre y huyendo.

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