Un orfanato entero desapareció en 1968 — 40 años después, una habitación oculta sorprendió a los investigadores...

—Parece una buena mujer. Si tiene familia, vuelva a casa y olvide que ese sitio existió.
Pero Elena ya había tomado una decisión.
El regreso al edificio abandonado
El antiguo orfanato se alzaba al final de un camino de tierra cubierto por árboles espesos. Cuando
Elena llego, parecia un lugar expulsado por el tiempo.
La estructura de tres pisos estaba cubierta de moho y enredaderas. Un ala amenazaba con derrumbarse. Dentro, el aire olía a humedad... y a algo extrañamente dulce.
Avanzó por los pasillos hasta encontrar una puerta con una placa oxidada:
Habitación de la Directora
La habitación contrastaba con el resto del edificio. La cama estaba tendida, los papeles ordenados y una estantería parecía demasiado poco profunda para la pared donde descansaba.
Elena tiró de ella.
La biblioteca giró sobre sí misma.
Detrás apareció una habitación secreta.
La sala de las muñecas

El cuarto era estrecho, revestido de estantes de piso a techo.
Y en cada estante había muñecas.
Docenas de ellas.
De porcelana, tela, madera o trapo. Todas acomodadas con cuidado, mirando hacia adelante.
Sobre ellas colgaba un papel amarillento:
Depósito de objetos personales. Las pertenencias preciadas de cada niño se guardarán hasta su regreso.
15 de diciembre de 1968.
Elena tomó una muñeca. Pesaba más de lo normal.
La abrió con cuidado.
Dentro había una medalla de San Cristóbal y una nota:
Tomás Rivera - 7 años
Regalo de papá. Guardar hasta Navidad.
Otra contenía un anillo de bodas.
Otra, una moneda de la suerte.
Otra, una pequeña Biblia infantil.

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