Adrian nunca la regañó.
Simplemente la abrazó y le recordó con dulzura:
«Aquí siempre habrá suficiente».
La recuperación no fue de la noche a la mañana.
Pero poco a poco, Lila comenzó a confiar de nuevo.
La noche en que se derramó la leche
Una noche, Adrian entró en la cocina y vio a Lila de pie junto a la encimera con lágrimas en los ojos. Un vaso de leche se había derramado, esparciéndose por el suelo.
Parecía aterrorizada.
—Lo siento —dijo rápidamente.
Adrián se arrodilló a su lado.
—No pasa nada —dijo con suavidad.
Lila parecía confundida.
—Lo derramé.
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