Eso bastó para darte una oportunidad.
Horas después, estabas frente a una mansión que parecía de otro mundo. Dentro, todo era impecable, controlado… y frío.
Entonces lo conociste.
Adrián Zárate: rico, poderoso y destrozado.
Te despidió al instante.
Pero no te acobardaste.
«Puede que sea pobre», dijiste, «pero no estoy aquí para que me tengan lástima».
Algo en esa respuesta lo hizo dudar.
Y por razones que nadie esperaba… te dejó quedarte.
El trabajo era brutal. Largas jornadas, cuidados constantes y un hombre que alejaba a todo el mundo. Te insultaba, te ponía a prueba, intentaba destruirte.
Pero te quedaste.
Porque necesitabas el dinero.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
