Pero cuando se levantó para recoger los platos, vi en su mano una marca morada, reciente, mal disimulada. No dije nada. El corazón me empezó a latir con un miedo antiguo.
Esa noche me acosté inquieta. El apartamento estaba en silencio cuando de pronto escuché el agua correr. Miré el reloj: las tres de la madrugada.
Fruncí el ceño. ¿Quién se ducha a esa hora? Me levanté despacio, con cuidado de no hacer ruido. El sonido no era constante. Se mezclaba con algo más… como un sollozo contenido, como un gemido.
Me acerqué al baño del pasillo. La puerta estaba casi cerrada. La luz se filtraba por la rendija. Dudé. No era correcto espiar. Pero el instinto de madre es más fuerte que cualquier norma de cortesía.
Miré.
El vapor no lograba ocultar la escena. Daniel no estaba desnudo bajo el agua como alguien que busca refrescarse. Estaba sentado en el suelo de la ducha, completamente vestido con su traje oscuro, el mismo que usaba para dirigir reuniones millonarias. El agua fría caía sobre su cabeza inclinada.
Pero lo que me paralizó no fue eso.
En sus manos tenía una esponja de alambre. Se frotaba los brazos con una violencia que me cortó la respiración. Lo hacía una y otra vez, como si quisiera arrancarse la piel. Susurraba palabras entre dientes.
—Sucio… no es suficiente… nada es suficiente…
Su voz no era la del ejecutivo seguro. Era la de un niño asustado. De pronto levantó el rostro, y vi en sus ojos el mismo terror que veía cuando tenía ocho años y se escondía bajo la cama porque su padre había llegado borracho, con el cinturón en la mano.
Sentí que el suelo se movía bajo mis pies.
En ese momento, alguien tocó mi hombro con suavidad. Era Olívia. No se sorprendió de verme allí. Sus ojos estaban enrojecidos, pero tranquilos, como si ya hubiera atravesado muchas noches iguales.
—Venga —susurró—. No aquí.
Me tomó del brazo y me llevó a la cocina. Nos sentamos frente a frente, bajo la luz tenue.
—Él no le hace daño a nadie, mamá —dijo en voz baja, levantando la mano para mostrarme mejor la marca morada—. Esto me lo hice yo intentando quitarle la esponja anoche.
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