No sé qué pretende, señora. La niña está bajo protección. No puede recibir visitas no autorizadas. Solo quiero hablar con usted”, dijo Dolores sobre Salomé, sobre cómo llegó aquí. Carmela guardó silencio un momento, evaluando a la mujer frente a ella. Algo en Dolores le inspiró confianza. Quizás la edad, quizás la mirada cansada de quien ha luchado muchas batallas. “La niña llegó hace 6 meses”, comenzó Carmela. Su tío Gonzalo la trajo. Dijo que no podía cuidarla más, que sus negocios no se lo permitían.
Pero había algo raro. Raro. ¿Cómo? La niña tenía marcas, señora, moretones en los brazos que nadie quiso explicar y desde que llegó casi no habla. Come poco, duerme menos, tiene pesadillas todas las noches, Dolores sintió un escalofrío. Y después del encuentro con su padre, ¿la ha visto? Carmela bajó la mirada. Desde que volvió de la prisión, Salomé no ha pronunciado una sola palabra. Los médicos dicen que no hay nada físico. Es como si algo se hubiera cerrado dentro de ella, como si hubiera dicho todo lo que necesitaba decir y ahora guardara silencio para siempre.
Dolores miró hacia la ventana, donde una niña rubia jugaba sola en el patio. ¿Qué fue lo que le dijo a su padre Carmela? ¿Alguien lo sabe? Nadie. Pero sea lo que sea, está destruyendo a esa niña por dentro. 5 años antes, la noche que cambió todo, la casa de los fuentes estaba en silencio. Sara había acostado a Salomé temprano como todas las noches. La niña de 3 años dormía abrazada a su oso de peluche ajena al infierno que estaba por desatarse.
En la sala, Ramiro Fuentes bebía su cuarto vaso de whisky. Había perdido su trabajo esa semana. La carpintería, donde trabajó 20 años cerró sin previo aviso. A sus años no sabía cómo empezar de nuevo. Sara hablaba por teléfono en la cocina. Su voz era un susurro furioso. Te dije que no me buscaras más. Lo que hiciste es imperdonable. Si no lo arreglas, voy a hablar. Me importa muy poco lo que me amences. colgó con violencia y vio a Ramiro observándola desde la puerta.
¿Con quién hablabas? Con nadie. Vete a dormir. Ya bebiste suficiente. Ramiro quiso preguntar más, pero el alcohol ya nublaba sus pensamientos. Se dejó caer en el sofá de la sala y cerró los ojos. En minutos estaba profundamente dormido. Lo que sucedió después, Ramiro no lo recordaría, pero alguien más sí. Salomé despertó con el ruido de una puerta. Bajó de su cama y caminó hacia el pasillo. Desde las sombras vio algo que sus ojos de 3 años no podían comprender, pero que su memoria guardaría para siempre.
Una figura entró a la casa. Un hombre que la niña conocía bien. Un hombre que siempre usaba camisas azules y le traía dulces cuando visitaba. Sara gritó y después silencio. La pequeña Salomé se escondió en el armario del pasillo temblando mientras el hombre de camisa azul caminaba hacia donde dormía su padre. Dolores pasó la noche entera revisando el expediente del caso Fuentes. Cientos de páginas, fotografías que prefería no recordar, testimonios, peritajes, todo apuntaba a Ramiro, sus huellas, su ropa, su falta de coartada sólida, pero había grietas, pequeñas, casi invisibles, pero estaban ahí.
El primer testigo, un vecino llamado Pedro Sánchez, declaró inicialmente que vio a un hombre salir de la casa fuentes a las 11 de la noche. Tres días después, en una segunda declaración, especificó que era Ramiro. ¿Por qué el cambio? ¿Quién lo presionó? La evidencia física fue procesada en tiempo récord. Normalmente los análisis forenses tomaban semanas. En este caso, los resultados llegaron en 72 horas, justo a tiempo para el arresto. El fiscal a cargo del caso era Aurelio Sánchez.
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