El apellido coincidía con el del vecino testigo. Coincidencia o conexión familiar. Dolores buscó información sobre Aurelio Sánchez. Lo que encontró la perturbó profundamente. Aurelio ya no era fiscal. Había ascendido a juez hace 3 años, justo después de asegurar la condena de Ramiro. Su carrera despegó gracias a este caso resuelto con eficiencia ejemplar, según los periódicos de la época. Pero había más. Aurelio Sánchez tenía conexiones comerciales con Gonzalo Fuentes, el hermano menor de Ramiro. Juntos habían comprado varias propiedades en los últimos 5 años.
propiedades que antes pertenecían a la familia Fuentes. Dolores marcó un número en su teléfono. Carlos, necesito que investigues los negocios de Gonzalo Fuentes. Todo, cada propiedad, cada transacción, cada socio. Y necesito saber si Sara Fuentes sabía algo que no debía saber. Gonzalo Fuentes llegó al hogar Santa María en un auto negro de lujo que contrastaba con la modestia del lugar. Vestía un traje impecable y una corbata azul, siempre azul. Carmela lo vio entrar y sintió un escalofrío.
Había algo en ese hombre que le recordaba a las serpientes. Elegante por fuera, venenoso por dentro. Vengo a ver a mi sobrina”, dijo Gonzalo sin saludar. “Tengo derecho. Soy su tutor legal. Usted renunció a esa tutoría hace 6 meses cuando la dejó aquí”, respondió Carmela con firmeza. Ahora está bajo protección del Estado. Las circunstancias han cambiado. Con todo lo que está pasando con mi hermano, la niña necesita familia. Necesita a alguien que la cuide. Cuidarla como la cuidó antes de traerla aquí con moretones en los brazos.
Los ojos de Gonzalo se oscurecieron. Cuidado con lo que insinúa, señora. Tengo contactos. Contactos importantes. Puedo hacer que este lugar cierre en una semana si me lo propongo. Me está amenazando. Le estoy informando. Quiero ver a Salomé ahora. En ese momento, Carmela notó movimiento detrás de la puerta de su oficina. Salomé había escuchado todo. La niña estaba pálida, temblando con los ojos fijos en su tío. Había terror puro en esa mirada. Gonzalo también vio a la niña.
Por un segundo, su máscara de hombre respetable cayó. Lo que Carmela vio en sus ojos la convenció de algo. Ese hombre era peligroso y Salomé lo sabía mejor que nadie. Váyase, dijo Carmela. Váyase ahora o llamo a la policía. Gonzalo sonrió. Una sonrisa fría que no llegó a sus ojos. Esto no termina aquí, señora. Volveré. Y cuando lo haga, nadie va a proteger a esa niña de su familia. La sala de visitas de la prisión se sentía más fría que nunca.
Ramiro esperaba esposado a la mesa, pero su postura había cambiado. Ya no era el hombre derrotado de hace dos días. Había fuego en sus ojos. Dolores se sentó frente a él y lo estudió en silencio. Mi nombre es Dolores Medina. Fui abogada penalista durante 40 años. Vi tu caso en las noticias y necesito que me cuentes todo. ¿Por qué le importa? Nadie me creyó en 5 años. ¿Por qué usted sería diferente? Porque hace 30 años dejé que condenaran a un hombre inocente.
No pude salvarlo. Eso me persigue cada noche. No voy a cometer el mismo error dos veces. Ramiro la miró largamente, evaluando si podía confiar en esta desconocida. Finalmente habló. Esa noche bebí mucho. Había perdido mi trabajo. Estaba destrozado. Me dormí en el sofá y no recuerdo nada más hasta que desperté con sangre en mis manos y a Sara en el suelo. Llamé a emergencias, traté de ayudarla y cuando llegó la policía me arrestaron. ¿Escuchaste algo? ¿Viste a alguien?
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
