Nadie me mencionó.
Ni a mis hijos.
Ya nos habían borrado.
—¿Señorita Vanessa? —llamó una enfermera—. El doctor está listo.
Ethan se puso de pie de inmediato.
—Voy a pasar —dijo—. Ese es mi hijo.
La sala de ultrasonidos estaba fresca y con poca luz.
El monitor se encendió.
Apareció una imagen borrosa.
Vanessa sonrió.
Ethan se inclinó hacia adelante, con el orgullo irradiando de él.
—Todo se ve bien, ¿verdad? —preguntó—. Ese es mi niño.
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