Cosí un vestido con las camisas de mi padre para el baile de graduación en su honor. Mis compañeros de clase se rieron hasta que el director tomó el micrófono y la sala se quedó en silencio.

Otras noches hablaba con papá en voz alta.

Mi tía no me oía o prefería no decir nada.

Cada trozo de tela traía un recuerdo.
La camisa que usó en mi primer día de instituto cuando se paró en la puerta y me dijo que estaría genial aunque estaba aterrorizada.

La verde desteñida de la tarde que corrió junto a mi bicicleta más tiempo del que sus rodillas podían soportar.

El gris que llevaba el día que me abrazó después del peor día del penúltimo año sin hacerme ninguna pregunta.

El vestido se convirtió en una colección de él. Cada puntada guardaba un recuerdo.

La noche antes del baile de graduación, lo terminé.

Me lo puse y me paré frente al espejo del pasillo de mi tía.

No era un vestido de diseñador, ni de lejos. Pero estaba hecho con todos los colores que mi padre había usado. Me quedaba perfecto, y por un momento sentí como si estuviera a mi lado.

Mi tía apareció en la puerta y se detuvo.

"Nicole... a mi hermano le habría encantado esto", dijo en voz baja. "Se habría vuelto completamente loco, en el mejor sentido. Es precioso".

Yo...

Alisé la parte delantera del vestido con ambas manos.

Por primera vez desde que llamaron del hospital, no me sentía vacía.

Sentía que papá seguía conmigo, entretejido en la tela de la misma manera que siempre había estado entretejido en cada momento cotidiano de mi vida.

Por fin llegó la noche del baile de graduación.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.