—Amigos, socios, familia… —dijo con voz orgullosa—. Hoy celebramos algo que llevaba años esperando. Un hijo. Mi hijo.
Los aplausos llenaron el jardín.
Yo miré la gran caja blanca que estaba sobre la mesa de regalos.
La única caja que no había abierto nadie.
Mi regalo.
Ricardo continuó:
—Antes de la revelación de género, mi esposa quiere entregar un regalo especial.
Las palabras “mi esposa” salieron de su boca como una burla.
Las miradas volvieron hacia mí.
Yo tomé la caja.
—Sí —dije con calma—. Un regalo muy especial.
Paola sonrió con suficiencia.
—Qué detalle.
Doña Carmen cruzó los brazos.
—Espero que no sea algo ridículo.
Caminé hacia el centro del jardín.
El silencio se hizo lentamente.
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