La traición no empieza cuando alguien es descubierto.
Empieza mucho antes: el día en que una persona decide que su propio ego es más importante que respetar a la pareja con la que comparte su vida.
A la mañana siguiente vi a Megan en la cocina preparando el desayuno para los niños.
Por primera vez en mucho tiempo, la miré de otra manera.
Ya no veía solo a la mujer que me había lastimado.
Vi primero a la mujer a la que había lastimado.
No sé qué nos depara el futuro. Quizás reconstruyamos la confianza poco a poco con honestidad y paciencia. O tal vez el daño sea demasiado profundo para repararlo.
Pero de una cosa estoy seguro.
Si mis hijos alguna vez me preguntan qué destruye un matrimonio, les diré la verdad.
Un matrimonio rara vez se derrumba por una sola traición dramática.
Se rompe bajo el peso de innumerables pequeñas mentiras repetidas a lo largo de los años hasta que la honestidad desaparece por completo.
Y a veces, cuando la gente finalmente comprende esa verdad, puede que ya sea demasiado tarde para reparar el daño.
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