La gente empezó a marcharse.
Pero Alejandro permaneció sentado, mirando fijamente la mesa.
Cuando me levanté para irme, oí su voz.
«Espera».
Me detuve.
«¿Qué pasa?»
Su voz sonaba diferente ahora.
Más baja.
Más cansada.
«Nunca te di las gracias».
Me giré lentamente.
«¿Por qué?»
Soltó una risa corta y amarga.
«Por estar ahí desde el principio. Sin ti… nada de esto habría pasado».
Por primera vez en años, sonaba sincero.
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