El invierno de 1944 no fue solo una estación, sino...

Esta mujer...

era una desconocida.

Y al mismo tiempo, la única que quedaba.

Lo más difícil no fueron los años de caza.

Sino los días posteriores.

Cuando no hay nada que hacer.

Cuando no hay a quién seguir.

Cuando reina el silencio interior.

Vivía con un solo objetivo.

Y cuando ese objetivo desapareció...

todo desapareció.

Una noche no pudo dormir.

Se sentó junto a la ventana.

Y por primera vez en mucho tiempo...

lloró.

En silencio.

Sin rabia.

Sin odio.

Solo lágrimas.

En silencio.

Cansada.

Humana.

Entonces lo comprendió.

La venganza no trae nada de vuelta.

No cura.

No salva.

Solo cierra la puerta.

Pero detrás de esa puerta…

no necesariamente hay luz.

A veces solo hay vacío.

Unas semanas después, se marchó.

En silencio.

Sin despedidas.

Sin dejar rastro.

Como siempre.

Pero ahora… no para cazar.

Sino para desaparecer.

Nadie sabe qué fue de ella.

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