El invierno de 1944 no fue solo una estación, sino...

No había nada humano en sus ojos.

Intentó detenerla.

Pero se dio cuenta de que era imposible.

Ella ya había tomado su decisión. Y esa decisión fue definitiva.

Moscú la recibió con ruido e indiferencia.

Alquiló una habitación.

Se encerró.

Y empezó a recordar.

Cada detalle.

Cada pequeña cosa.

Escribió en el espejo, borró, volvió a escribir.

Componiendo una imagen.

Armando un rompecabezas.

Esto no era venganza en el sentido habitual.

Era algo más profundo.

Más frío.

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