No había nada humano en sus ojos.
Intentó detenerla.
Pero se dio cuenta de que era imposible.
Ella ya había tomado su decisión. Y esa decisión fue definitiva.
Moscú la recibió con ruido e indiferencia.
Alquiló una habitación.
Se encerró.
Y empezó a recordar.
Cada detalle.
Cada pequeña cosa.
Escribió en el espejo, borró, volvió a escribir.
Componiendo una imagen.
Armando un rompecabezas.
Esto no era venganza en el sentido habitual.
Era algo más profundo.
Más frío.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
