No quería justicia.
Quería cerrar un capítulo.
La primera pista apareció por casualidad.
Una frase.
Arrojada a la oscuridad.
El Lejano Oriente.
La agarró.
Y eso fue suficiente.
El viaje fue largo.
Trenes, ciudades, rostros.
Cambió de nombre, documentos, apariencia.
Se convirtió en otra persona.
Pero por dentro, seguía siendo la misma: vacía y decidida.
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