No puedo creer que me hagas entrevistar a esta, exclamó Verónica golpeando el expediente sobre el escritorio. Mírala. Es la candidata número 17 de hoy y sinceramente la menos presentable de todas. Gabriel Torres, director de recursos humanos de empresas Montero, respiró hondo intentando mantener la compostura frente a su asistente. Verónica, el señor Montero, fue muy claro. Quiere que entrevistemos a todos los candidatos que cumplan con la formación requerida. Sin excepciones, respondió tratando de mantener un tono profesional. Y según su currículum tiene doble titulación en administración de empresas y finanzas con honores.
Pero es que hay límites, Gabriel, insistió Verónica, bajando la voz y señalando disimuladamente hacia la sala de espera a través de la puerta entreabierta. Empresas Montero tiene una imagen que mantener. Esta chica es bueno, no hay forma amable de decirlo, es francamente desagradable de ver. Gabriel dirigió su mirada hacia donde señalaba Verónica. En la sala de espera, sentada recta y con las manos sobre su regazo, esperaba una joven de unos 26 años. Su rostro presentaba una asimetría notable con cicatrices visibles en la mejilla izquierda que distorsionaban ligeramente sus facciones.
Un lunar prominente y oscuro se extendía por su frente y su cabello, opaco y sin forma parecía no haber conocido un estilista en años. Sus gafas gruesas pasadas de moda completaban una imagen que contrastaba drásticamente con el elegante y moderno edificio corporativo. “Se llama Carmen Ruiz”, dijo Gabriel revisando nuevamente el currículum y además de sus titulaciones, habla cuatro idiomas y tiene experiencia en consultoría internacional. Por favor, bufó Verónica. Sabes perfectamente que eso no importa. Ningún cliente querrá tratar con ella.
Montero busca una asistente ejecutiva que proyecte la imagen de la empresa, que acompaña al presidente a reuniones importantes, a cenas de negocios. ¿Te imaginas la impresión que daría? Gabriel comenzaba a perder la paciencia con su asistente. Verónica había sido contratada por el anterior director de recursos humanos y aunque era eficiente, su superficialidad y prejuicio siempre le habían incomodado. “Voy a entrevistarla”, declaró con firmeza. “Y lo haré sin prejuicios. Si tiene las capacidades para el puesto, se lo recomendaré al señor Montero.
Punto final. Como quieras”, respondió Verónica. levantándose con evidente disgusto. Pero cuando Alejandro Montero la vea y me pregunte cómo permitimos que llegara tan lejos en el proceso, le diré exactamente quién insistió en ignorar lo obvio. Gabriel ignoró el comentario y se dirigió a la sala de espera. Al abrir completamente la puerta, notó como Carmen Ruiz se tensaba ligeramente. Segamente estaba acostumbrada a las reacciones negativas ante su apariencia. Señorita Ruiz, soy Gabriel Torres. director de recursos humanos. Pase por aquí, por favor.
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