EL MILLONARIO HIZO EL PEDIDO EN ALEMÁN PARA BURLARSE DE LA CAMARERA… PERO ELLA HABLABA 7 IDIOMAS…

Mercedes sacó otro documento de la carpeta. Era un contrato con firmas y sellos oficiales. Este es el acuerdo original. Aurelio me prometió el 5% de las ganancias de Grupo Alderete como compensación por mis años de servicio. Pero cuando se lo mostré a Maximiliano, él se rió en mi cara. La voz de Mercedes se quebró con el recuerdo. Me dijo que una empleada doméstica no tenía derecho a nada, que si intentaba reclamar legalmente, usaría todo su poder para destruirme.

Y lo hizo. Elena contrató abogados que invalidaron el contrato alegando que yo no tenía capacidad legal para firmar acuerdos de esa naturaleza. Me quitaron todo. Mi reputación, mis ahorros, mi dignidad. Elena tomó las manos de su abuela, sintiendo la injusticia de décadas concentrarse en ese momento. ¿Por qué nunca me lo contaste? Porque tenía vergüenza. Vergüenza de haber sido tan ingenua. Vergüenza de no haber podido defenderme. Y miedo, Elena. Miedo de que si algún día te cruzabas con los Alderete, ellos descubrieran quién eras y te hicieran daño.

Pero ahora ya saben quién soy. Exacto. Mercedes apretó las manos de Elena con fuerza. Por eso necesitas saber la verdad completa, porque hay algo más en esta carpeta, algo que Maximiliano no sabe que tengo. Sacó un sobre grueso sellado con cera antigua. Durante mis años trabajando para Aurelio, traduje muchos documentos. Algunos de ellos eran delicados, negocios que no eran exactamente legales, acuerdos con personas que preferían permanecer en las sombras. ¿Qué tipo de negocios? El tipo que destruiría la reputación de grupo Alderete si saliera a la luz.

Aurelio me hizo jurar que nunca revelaría lo que sabía y cumplí mi promesa mientras él vivió. Pero Maximiliano rompió todas las promesas que su padre me hizo, así que yo ya no tengo obligación de guardar sus secretos. Elena miró el sobre como si contuviera una bomba. En cierto sentido, lo era. Abuela, ¿estás segura de esto? Si Maximiliano descubre que tienes esto, ya no me importa lo que me pase a mí, Elena. Estoy vieja, estoy enferma, pero tú tienes toda una vida por delante y no voy a permitir que ese hombre te la quite como me quitó la mía.

El teléfono de Elena sonó interrumpiendo el momento. Era un número desconocido. Dudó antes de contestar, Elena Navarro. Una voz femenina, profesional, pero cálida. Sí. ¿Quién habla? Mi nombre es Camila Fuentes. Soy periodista del Diario Nacional. Escuché sobre lo que pasó en la estrella dorada anoche. Me gustaría hablar con usted. El corazón de Elena se aceleró. ¿Cómo se había enterado una periodista tan rápido? ¿Cómo consiguió mi número? Tengo mis fuentes, pero eso no es lo importante. Lo importante es que tengo información sobre Maximiliano Alderete que creo que le interesará y creo que usted tiene información que me interesa a mí.

¿Podemos reunirnos? Elena miró a su abuela, quien había escuchado toda la conversación. Mercedes asintió lentamente. ¿Dónde y cuándo? Mañana, en el café Esperanza, cerca de la plaza central, a las 10 de la mañana. Y señorita Navarro, venga sola y no le diga a nadie sobre esta llamada. La comunicación se cortó. Elena se quedó mirando el teléfono, procesando lo que acababa de suceder. ¿Quién era?, preguntó Mercedes. Una periodista. dice que tiene información sobre los Alderete. Podría ser una trampa, lo sé, pero también podría ser nuestra única oportunidad.

Esa noche Elena no pudo dormir. Su mente era un torbellino de preguntas, miedos y posibilidades. Leyó los documentos que su abuela le había dado, cada página revelando una historia de corrupción, manipulación y crueldad que se extendía por décadas. Pero había algo más entre los papeles, algo que su abuela no había mencionado directamente. Una carta escrita en alemán dirigida a Aurelio Alderete, de un socio comercial europeo. La carta hablaba de un acuerdo secreto, de dinero transferido a cuentas en el extranjero, de favores políticos comprados y vendidos.

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