—¿Qué es esto?
Nina levantó la vista.
—Algo que debería haber sucedido hace mucho tiempo.
Mikhail Lvovich colocó los documentos originales sobre la mesa. Escrituras de propiedad, un contrato de acciones, cartas, recibos notariados y un reconocimiento de una deuda que el padre de Alexander había ocultado mediante contabilidad por partida doble.
—Mi hermana invirtió en la mitad de la primera pensión —dijo con calma—. Tras su muerte, nos dejaron de lado. Durante muchos años, no pudimos demostrarlo sin los originales. Ahora sí podemos.
Los auditores ya conocían los detalles. Los inversores también. Nina, como esposa legal de Alexander, tenía acceso a parte del archivo familiar y el derecho a solicitar oficialmente la divulgación del origen de los bienes conyugales. Esta era precisamente la trampa en la que él había caído por voluntad propia.
Si la hubiera mantenido como sirvienta, ella podría haber luchado durante mucho tiempo para obtener acceso a los documentos.
Si simplemente la hubiera despedido, ella habría buscado la manera de evitarlo.
Pero él, queriendo humillar a Vera y demostrarle al mundo que el amor no significa nada, incorporó a Nina a la familia y al ámbito legal de sus bienes.
La convirtió no en una sirvienta, sino en una parte interesada.
—Así que ese es el plan —dijo Alexander en voz baja.
—No —respondió Nina—. El plan era simplemente descubrir la verdad. Y tú decidiste casarte conmigo.
El representante del fondo se aclaró la garganta.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
