El millonario se casó con ella por despecho, pero calculó mal.

Nina estaba sentada junto a la ventana de su pequeña habitación, en la mesa donde reposaban esas mismas carpetas. La nieve caía a sus espaldas. La luz de la lámpara suavizaba su rostro, pero no ocultaba los rasgos toscos a los que los burlones de la sociedad se aferraban.

—¿Qué quieres? —preguntó Alexander sin rodeos.

Nina no levantó la vista de inmediato.

—Justicia.
—Es una palabra demasiado general.
—De acuerdo. Entonces seamos específicos: el reconocimiento de la participación de mi madre en el primer negocio. Una revisión de los derechos sobre la antigua propiedad costera. Un fondo oficial a su nombre para los empleados a los que sus gerentes han estado explotando durante años. Y también... —Lo miró a los ojos—. Para que, por una vez, vivas no como quien decide el destino de los demás, sino como quien tendrá que responder por ellos.

Alexander exhaló lentamente.

—Tú eres yo.

Lo destruiré.

"No", respondió ella. "Simplemente no te permitiré que sigas viviendo de bienes robados como si fueran una herencia".

Etapa 4. La trampa en la oficina
En un mes, Alexander debía firmar el mayor acuerdo de su carrera: con un fondo de inversión extranjero. El acuerdo iba a llevar a la cadena a un nuevo nivel: nuevos hoteles, un nuevo nombre, nuevo capital.

Ese mismo día, Nina le pidió que fuera a la oficina central a las diez de la mañana.

"Esto es importante", dijo. "Es mejor que lo veas con tus propios ojos".

Al entrar en la sala de conferencias, una pesada certeza ya se cernía sobre él: algo malo estaba a punto de suceder.

Sentados en la larga mesa no solo estaban sus abogados y financieros. Había un notario anciano, un representante del fondo, dos auditores, un viejo abogado de la familia y, junto a ellos, un hombre de unos sesenta años, a quien Alexander solo conocía por fotografías del archivo.

Mikhail Lvovich Sokolov. Hermano de Marina Sokolova.

Y a su lado, Nina. No llevaba uniforme de sirvienta. Ni un vestido de casa recatado. Vestía un traje de pantalón oscuro, con el pelo recogido y una carpeta en las manos.

Alexander se detuvo en el umbral.

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