Y eso significó mucho más.
La decisión.
Dos meses después recibí noticias: me habían aceptado en un programa de intercambio académico internacional. Beca parcial.
Un año fuera del país.
Se lo conté.
—¿Cuándo te vas? —preguntó.
—En tres meses.
Sonrió, aunque me dolió.
—Si pudiera convencerte de que te quedaras, destruiría lo que más admiro de ti.
En ese momento me enamoré un poco más de él.
La última noche antes de irme, me llevó a casa.
En el mismo coche.
El mismo asiento.
—Fue la mejor invasión que he sufrido —dijo.
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