Ella estaba durmiendo en el camarote 8A cuando el capitán preguntó si había algún piloto de combate a bordo.

La heroína invisible
Capítulo 1: La calma antes del cambio
Era una mañana cualquiera de martes, y la ciudad de Nueva York cobraba vida poco a poco. Multitudes de viajeros llenaban las terminales al comenzar otro día ajetreado. Entre ellos estaba Mara Dalton, esperando en el aeropuerto JFK para abordar un vuelo con destino a Londres.

Parecía una viajera más: vestía un sencillo suéter verde y jeans, llevaba una pequeña bolsa y se mezclaba fácilmente con la multitud de pasajeros. Pero bajo esa apariencia común se escondía un pasado que guardaba en silencio, un pasado que había intentado dejar atrás.

Al acomodarse en el asiento 8A junto a la ventana, Mara cerró los ojos y escuchó el suave murmullo de los motores calentándose afuera. Los auxiliares de vuelo se movían con calma por el pasillo revisando los cinturones de seguridad y ofreciendo bebidas, creando la rutina familiar que hacía que volar se sintiera seguro y rutinario.

Respiró hondo, intentando evitar que ciertos recuerdos resurgieran. En el pasado, había sido piloto de combate, responsable de misiones donde los errores podían costar vidas. Se había alejado de esa vida, pero sus ecos aún resonaban en su mente.

Capítulo 2: Un anuncio repentino
Justo cuando empezaba a quedarse dormida, el intercomunicador crujió.

«Señoras y señores, les habla su capitán. Si hay algún piloto de combate a bordo, por favor, identifíquese inmediatamente».

El anuncio la despertó de golpe.

¿Un piloto de combate? ¿En un vuelo comercial?

A su alrededor, los pasajeros se quedaron paralizados, confundidos, y sus conversaciones se interrumpieron abruptamente. Algunos se miraron nerviosamente.

Mara sintió una tensión familiar en el pecho.

Había pasado años respondiendo a emergencias en el aire. Pero se suponía que esa vida había terminado. Se había prometido a sí misma que jamás volvería a ese mundo.

Sin embargo, mientras las azafatas se movían rápidamente por los pasillos, con la urgencia reflejada en sus rostros, Mara se dio cuenta de que algo andaba terriblemente mal.

Capítulo 3: Viejos instintos
La azafata se detuvo cerca de su fila, observando a los pasajeros.

—Disculpe —dijo con ansiedad—. El capitán necesita saber si alguien a bordo tiene experiencia como piloto de combate.

Mara vaciló.

Durante meses había intentado vivir tranquilamente, integrarse en la vida cotidiana. Pero al mirar a su alrededor, a los rostros preocupados de los desconocidos, sintió que algo despertaba en su interior.

Podía dejar el ejército.

Pero no podía dejar de ser quien era.

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