Era una promesa que se cerraba.
LA SORPRESA
Después de aterrizar, la llevaron a Valle de Bravo.
Verdes colinas se extendían hacia un lago resplandeciente. El aire se sentía fresco, casi irreal.
Se detuvieron frente a una hermosa casa con vista al agua.
Marco le puso un juego de llaves en las manos.
"Mamá... esto es tuyo".
Paolo se acercó.
"Ya no tienes que trabajar. Ahora nos toca a nosotros".
Teresa cayó de rodillas, con lágrimas en los ojos.
"Valió la pena... cada tamal, cada noche de insomnio... todo".
Entró lentamente, tocando las paredes, como si temiera que la visión desapareciera.
Recordó el techo de lámina.
La habitación alquilada.
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