Ella solo podía pagar con monedas de un centavo; elegí la compasión por encima de mi carrera.

Número desconocido.

Una voz tranquila y oficial.

"Hemos recibido un informe sobre el bienestar de la anciana residente en esa dirección. ¿Es usted quien la ha estado visitando?"

Se me aceleró el pulso.

Ya no era solo internet.

Ya no era solo mi trabajo.

Era el sistema.

Llamando a la puerta.

Y esta vez, no lo hacían con cortesía.

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