Se acercó a las cunas.
Una bebé lo miró con una intensidad sorprendente.
Otra extendió la mano hacia su manga.
Una tercera esbozó una sonrisa desdentada.
Algo dentro de él se rompió.
El vacío que cargaba se transformó en algo más pesado, pero vivo.
Responsabilidad.
«Me los llevo», dijo.
Una decisión que el mundo no comprendió.
El papeleo se convirtió en un campo de batalla.
Los trabajadores sociales lo tacharon de imprudente.
Los familiares lo consideraron una locura.
Los vecinos murmuraban tras las cortinas.
«¿Qué hace un hombre blanco con nueve bebés negros?».
Algunos dijeron cosas peores.
Richard se negó a ceder.
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