— La cirugía fue complicada y la recuperación tardó meses. Perdí peso, se me cayó el pelo durante el tratamiento y hubo días en los que sinceramente creí que no sobreviviría. —
Mi voz temblaba un poco, aunque con el tiempo la historia se había vuelto más fácil de contar.
— Después, apenas pude reconocer a la mujer que me miraba en el espejo. Creí que esa parte de mi vida como mujer había terminado para siempre. —
La habitación permaneció en silencio.
Pero no era el silencio incómodo que temía.
Daniel se acercó y le dio un suave beso en una de las cicatrices.
Luego otro.
Y otro.
Cada caricia transmitía una ternura tan sincera que disolvía años de vergüenza silenciosa que nunca había expresado en voz alta.
—Estas cicatrices no son algo que debas ocultarle al mundo. —
Su voz sonaba cargada de emoción.
—Son la prueba de que luchaste por tu vida y te negaste a rendirte. —
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