Se me llenaron los ojos de lágrimas sin poder contenerlas.
—Por favor, no digas esas cosas. —
Pero Daniel me levantó la barbilla y no tuve más remedio que sostener su mirada.
— De jóvenes, te amé porque eras hermosa y reíabas. Pero esta noche te amo aún más por todo lo que sobreviviste para seguir aquí. —
El tipo de amor que llega con el tiempo
Las inseguridades que había cargado en silencio durante años comenzaron a disolverse en ese momento.
Daniel me abrazó con una dulzura que parecía casi sagrada.
— Ojalá hubiera estado a tu lado cuando enfrentaste todo eso. —
Apoyé la cabeza en su hombro.
— La vida nos llevó por caminos diferentes. —
Asintió lentamente.
— Quizás sí, pero de alguna manera esos caminos nos llevaron de vuelta el uno al otro. —
Más tarde esa noche, yacíamos uno al lado del otro sin urgencia ni expectativas.
Daniel se acercó y apagó la lámpara, dejando solo el tenue resplandor de la luna que entraba por la ventana.
Me apretó la mano suavemente.
— ¿Sabes una cosa? —
Sonreí levemente.
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