Durante varios minutos, simplemente observé el tranquilo ritmo de su respiración.
Entonces me di cuenta de algo que me pareció simple y extraordinario a la vez.
La vida no me había arrebatado mi primer amor para siempre.
Simplemente había dejado nuestra historia de lado durante muchos años, esperando a que ambos creciéramos lo suficiente como para comprender el verdadero significado del amor.
A veces el amor llega pronto y desaparece rápidamente.
Pero cuando llega más tarde en la vida, después de que el dolor y la pérdida nos hayan enseñado paciencia, conlleva una profundidad que la juventud rara vez comprende.
Y mientras la luz de la mañana llenaba la habitación, supe con absoluta certeza que el amor que había reencontrado a los cincuenta y cinco no era una segunda oportunidad.
Por fin había llegado el momento oportuno.
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