— ¿Qué es eso? —
— Esta podría ser la noche de bodas más tranquila del mundo. —
Reí en voz baja.
— También podría ser la más antigua. —
Daniel rió entre dientes.
— No. Simplemente es la más afortunada. —
Justo antes de que el sueño finalmente nos venciera, lo oí susurrar una última frase:
— Gracias por encontrar el camino de vuelta a mi vida. —
Una mañana llena de silenciosa gratitud
A la mañana siguiente, la luz del sol entraba por la ventana e inundaba la habitación con una suave calidez.
Me desperté temprano y vi a Daniel durmiendo plácidamente a mi lado.
Su cabello plateado descansaba irregularmente sobre la almohada y su mano permanecía ligeramente curvada contra la manta.
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