En vez de eso, tomé mi teléfono.
“Tengo una grabación de anoche. Fotos de tu lista. Mensajes. Registros financieros. Mi abogado tiene copias de todo.”
Se puso pálido.
“¿Llamaste a un abogado?”
“Sí.”
“¿Por esto?”
“Por quién eres.”
El silencio llenó la habitación.
Pero esta vez, no era pesado.
Era definitivo.
Se levantó bruscamente. “Estás loca si crees que esto es abuso.”
“Yo no dije eso”, respondí. “Sí lo dijiste.”
Eso lo detuvo.
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